03-03-2021 / 17:37
Femicidio de Guadalupe Curual: la injusticia ganó una vez más


Hace una semana, Bautista Quintrinqueo ingresó en grave estado tras infligirse heridas profundas con el arma con el que había asesinado a Guadalupe Curual. Este martes, falleció con total impunidad.
(Por Tatiana Ledesma)

El miércoles pasado Bautista Quintrinqueo, feminicida de Guadalupe Curual, ingresó en grave estado al Hospital Dr. Ramón Carrillo, de San Martín de los Andes, tras infligirse heridas profundas con el arma con el que había asesinado a Guadalupe. Durante su internación tuvo otro intento de suicido cuando quiso ahorcarse con cables del aparato hispitalario. Falleció en total impunidad.

Guadalupe Curual tenía 21 años y una hija de un año y dos meses. Tras dos perimetrales y un botón antipánico para protegerse de su agresor no encontraba paz. En busca de un lugar armonioso para vivir con su hija se mudó con Lucía, una amiga que también es víctima de violencia de género. El jueves pasado el fiscal, Adrián De Lillo, le tomó declaración a Saúl Mellado, el agresor de Lucía.

Guadalupe, su hija, y Lucía vivían día a día intentando encontrar paz en medio de las continuas y constantes agresiones verbales de sus victimarios. A cada una su respectivo agresor la continuaba acosando y amenazando. Hasta que un día Quintrinqueo cumplió lo que le había escrito vía a Guadalupe vía Whats App.

“Te estoy mirando. Sos mía. No sos de nadie más”, la amenazaba. Y le llegó a escribir que cuando volviera de su viaje la iba a matar con un cuchillo. Así fue, la apuñaló en pleno centro de la ciudad de Villa La Angostura ante la mirada de todos.

Ante la mirada silenciosa y cómplice de todos. Vecinos del lugar y turistas fueron testigos de cómo Guadalupe corría pidiendo ayuda a gritos. Nadie hizo nada.

Una vez que la apuñaló y la dejó tirada como si su vida no valiese nada, huyó del lugar del crimen. Corriendo se topó con dos policías que estaban de civil al ser turistas, pero que portaban sus armas reglamentarias. Al reducirlo para detenerlo, Quintrinqueo tuvo su primer intento de suicido al querer cortarse con el arma con la que asesinó a Guadalupe.

Hoy el feminicida falleció en total impunidad tras el nulo accionar policial y judicial. El fiscal De Lillo tiene las manos manchadas de sangre de la misma forma de Quintrinqueo al asesinar a Guadalupe. El fiscal de la causa no hizo nada para cuidar a Guadalupe, no hizo nada para que la justicia llegue a su feminicida y tampoco hace nada para cuidar a Lucía.

Duele escuchar que otras personas vieron a una víctima correr pidiendo ayuda y no hicieron nada. Lástima entender que para la Justicia las víctimas de violencia de género son sólo un número. Enerva saber que los feminicidas pueden gozar del derecho a quitar vidas y quitarse la propia y así jamás enfrentar cargos por su accionar.

Y destroza, destroza el alma y el corazón pensar en la hija de Guadalupe. Esa pequeña que al crecer va a tener que comprender por qué la policía y la Justicia dejó sola y desamparada a su mamá y la libraron a la suerte de su feminicida, su propio padre. Destroza saber que esa niña de un año y dos meses no entiende por qué su mamá ya no vuelve, ya no le canta, ya no lo arropa, ya no le cuenta un cuento, ya no escucha su voz ni puede tocar su rostro.   


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