03-06-2020 / 17:35
La organización comunitaria es el principal sustento en los barrios populares


Según el informe realizado por el Colectivo Turba, la mayor contención en los barrios populares viene de la mano de la propia organización de vecinas y vecinos, en tiempos de crisis por la pandemia del coronavirus y aislamiento.
Una de las consecuencias de la pandemia del coronavirus, y el consecuente aislamiento obligatorio, es la profundización de la pobreza extrema en los barrios populares. En ese marco, lo que vuelve a prevalecer es la organización comunitaria para sobrellevar una situación cada vez más complicada.

Así lo refleja el relevamiento realizado por el Colectivo de Hábitat Turba, que alerta sobre los problemas de hambre, y para el abastecimiento alimenticio y otros productos de primera necesidad. En ese sentido, muchos referentes barriales señalaron un aumento importante de gente y demanda en los merenderos, comedores y ollas populares, los cuales se encuentran desbordados.

Se remarcó que algunos comedores o merenderos reciben apoyo gubernamental, ya sea regular o a través de donaciones, pero que continúan siendo insuficientes. Otros se sostienen gracias a las donaciones de vecinos y de personas de otros barrios.

“En una situación tan desoladora, se hace sumamente necesario visibilizar las diversas formas de solidaridad vecinal reforzadas y/o surgidas en los barrios populares para enfrentarla”, destacaron desde Turba. “Quienes realmente están a la vanguardia de las estrategias para sobrellevar la pandemia de formas ingeniosamente comunitarias, son las vecinas y vecinos que destinan tiempo, trabajo y dinero personal a ocuparse de otros”, remarcaron.

Según Turba, “el acompañamiento estatal no alcance a empatar la potencia de la organización vecinal, y que por lo tanto, la presencia territorial esté en las manos de vecinas y vecinos que llevan adelante los merenderos, los comedores, las ollas populares, el cuidado de adultos mayores, las colectas de abrigo, alimentos y elementos de higiene”.

Esta organización comunitaria se reflejó con mayor fuerza en situaciones externas, como la orden de desalojo del Barrio Quilmes o el cierre total del Barrio San Marcos.

 En el caso del San Marcos desde el momento del cierre del barrio los vecinos tuvieron que organizarse llevando adelante entre seis y siete ollas populares en diferentes puntos del barrio cada día. Lo mismo ocurrió en el Quilmes, donde las vecinas y vecinos organizaron ollas populares para resistir al desalojo, que continuaron luego del freno a la orden.

En este tiempo se vieron a innumerables vecinas/os que, mediante donaciones de otros vecinos o privadas, comenzaron a realizar ollas populares para complementar las existentes o reemplazar aquellas que se encontraban paradas.

Cabe destacar, que una vez más, estas tareas de cuidado se concentran mayormente en mujeres. Por ejemplo, Esther Fariña del Barrio Molina Punta relató que "comenzamos con una olla popular en mi casa, que estamos haciendo a pulmón, porque no tenemos ayuda del gobierno ni de nadie”.

“Nosotros somos ladrilleros y decidimos con mi familia hacer un almuerzo comunitario”, contó la vecina, y agregó que “los vecinos se pusieron en contacto con nosotros para ayudarnos”.


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