18-08-2018 / 11:35
Pelotas descocidas: entre las pruebas futbolísticas profesionales y los gobiernos de turno


Días antes, días después, las pruebas de River Plate y de Rosario Central eran una realidad en Corrientes. Una realidad, que quede claro, la otra realidad que poco se ve en los diseños digitales de los diarios de papel, los de la web, y las pantallas, es el potrero correntino.

(Por Jeremias Giordano)

La camiseta suele ser la del gobierno de turno y no es que los güirises que juegan la tengan “puesta”, es solo un uso para diferenciarse de otro equipo, maldita sea si el rival tiene las mismas.

Al ritmo de cantos y el murmullo de un sin fin de niños los barrios se mueven por otros potreros de la ciudad para hacer rodar la pelota, acción que a veces cuesta porque nadie las cose cuando ese mismo sinfín de niños las patea. Esta vez llegaron a la canchita, arreglada para la ocasión, del merendero Santa Lucia, comenzó el torneo a media mañana, dejando en el final, lo que se había prometido cuando se lo estaba organizando.

 

Por lo general el fútbol  apasiona en los barrios correntinos, el Bajo Galván no es la excepción y los chicos terminaron divididos en dos equipos, también por esa suerte de límites geográficos abstractos, hay unos que dicen ser del Trujillo, la otra parte del Bajo Galván.

El fútbol impone la unión ante esos límites, el Bajo Galván es la contra cara del Barrio Galván, los divide la calle Viamonte. De un lado un barrio con buena infraestructura, el Galván, del otro lado casas precarias entre caminos con piedras  y arenosos. Además el Bajo Galván limitado en su crecimiento por un terreno privado de la firma Baggio  y una arenera. Pese a eso las familias y jóvenes acuden a la canchita cada vez que rueda una pelota, entre mates un torneo se adueña de la atención.

Igualmente las pelotas siguen descocidas, ni si quiera la voluntad de Miguel Antonio López, el responsable del merendero Santa Lucia logra coser todas, y la indiferencia por el potrero correntino, sobre todo por la infancia que lo hace visible se parece a eso ojales de ese balón, de un lado una realidad y del otro lado otra, la aguja ahí no se mueve.

El barrio Patono Uno también disputó el torneo interbarrial. Es un equipo débil, el más sencillo del torneo, desordenado,  perdió los dos primeros partidos y recién ganó el tercero con un gol sobre la hora. "Si perdemos el próximo partido quedamos afuera", dice uno de los defensores.

Después del segundo partido solo se veía a los niños del Patono sin alma, pero en el gol del tercer partido lo festejaron casi como un campeonato y el alma volvió. Ya no les interesó todo lo anterior, no les interesó si comieron, ni la tarea de la escuela, solo les importó jugar el partido que los pudo poner cerca de la gloria. Si, ¡la gloria!, para ellos un trofeo donado por quien sabe quién es la gloria.

Y así la gloria de toda la infancia de una ciudad, y de una provincia sigue descocida, se esconde detrás de un trofeo. Dos, tres, cuatro equipos se ponen la camiseta verde, se sacan una foto y la gloria sigue ahí, intacta. River Plate y Rosario Central hacen semillero con la juventud correntina, pero la gloria sigue en el mismo lugar. No se cruza de la Viamonte para el Bajo Galván, no le pide permiso a la firma Baggio y la corren de la arenera. La gloria se sigue escondiendo detrás de las decisiones políticas, esquivadas por trofeos de plástico.

 


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